sábado, 9 de abril de 2016

Dimensiones del ser humano

DIMENSIÓN FÍSICA
Constituimos una unidad como sistemas individuales y también en relación con el mundo que nos rodea, formamos parte de una totalidad mayor que es el ambiente físico, social, el planeta, el universo, a través de nuestro comportamiento interactuamos con el entorno.
En el área física se pueden examinar algunas conductas de riesgo como son: prácticas asociadas con servicios de salud, régimen de medicación, higiene, condición física, abuso de tabaco y alcohol; así como las destrezas de adaptación y conductas de salud positiva como patrones de respuestas a estímulos positivos, los cuales se pueden obtener con el conocimiento sobre promoción de salud, redes de apoyo, actividades vocacionales, recursos mentales y espirituales.
El desarrollo físico individual pasa por una serie de etapas como son: los cambios sensoriales, el paso de niño (a) a adolescente, de adolescente a adulto, de adulto joven a adulto mayor, esta serie de retos requieren que se realicen algunos ajustes y que se definan nuevos papeles sociales y condiciones biológicas por ejemplo: el retiro, los cambios en la actividad psicomotora y las pérdidas que acompañan las distintas etapas del ciclo de vida; todas estas variables se investigan dentro del ámbito de salud para realizar cambios en situaciones no deseadas para mejorar el área física del ser humano.
La promoción de estilos de vida saludables implica conocer aquellos comportamientos que mejorar o deterioran la salud de los individuos. Las conductas saludables son aquellas acciones realizadas por el ser humano con las cuales se obtienen consecuencias físicas y fisiológicas inmediatas y a largo plazo que repercuten en el bienestar físico.
Una adecuada nutrición, deporte e higiene son indispensables para cultivar la dimensión física. La dimensión física se refiere al cuerpo humano, que es la máquina más maravillosa y completa que existe.
                               







“La calidad de vida supone cuidar efectivamente nuestro cuerpo: comer alimentos nutritivos y tener una dieta balanceada, descansar lo suficiente y hacer ejercicio con regularidad, es decir, preservar y mantener nuestra salud.”
La salud física es el factor básico para lograr el equilibrio del ámbito afectivo, intelectual y espiritual. Nuestro cuerpo es uno de los tesoros más grandes que tenemos y para mantenerlo es indispensable:
 Nutrición. Una adecuada alimentación, balanceada y que incluya los nutrientes básicos, es fundamental para conservar la salud.
Descanso. El sueño es un requerimiento esencial para recuperar fuerzas. Por otra parte es necesario disfrutar de los periodos de descanso recreo y diversión. Higiene. La limpieza, ayuda a la prevención y mantenimiento de la salud física.
 Ejercicio. El cuerpo requiere ejercitarse para mantenerse saludable. Varios y diversos órganos y sentidos son estimulados por la actividad física. A través del deporte es posible verse, sentirse, trabajar y vivir mejor.
El deporte contribuye a obtener una salud integral. Cuando desempeñamos alguna actividad física hay que considerar tres premisas básicas:
   a)   Realizar una actividad placentera en donde exista diversión.
   b)   Que el ejercicio elimine los productos residuales químicos producto de las    emociones negativas.
  c)   Hacer algo saludable para uno mismo, tanto a nivel físico como psicológico.
Cuando se busca el beneficio para la salud, se recomienda: nunca realizar algún ejercicio que no deseamos hacer. El ejercicio debe producir alegría, placer y satisfacción.
“Nuestro cuerpo es como una máquina: si no la utilizamos se atrofia.”
DIMENSION SOCIAL
La Dimensión Social se refiere a  la habilidad de relacionarte con otras personas. Se obtiene mediante una comunicación que implique una escucha activa, así como la puesta en práctica de actitudes asertivas y empáticas con los demás.
La dimensión social se organiza en torno a la interacción con otras personas. Supone la expresión de la sociabilidad humana característica, esto es, el impulso genético que la lleva a constituir sociedades, generar e interiorizar cultura, y el hecho de estar preparada biológicamente para vivir con otros de su misma especie, lo que implica prestar atención a otro humano necesariamente presente, y la sociabilidad, o capacidad y necesidad de interacción afectiva con semejantes, expresada en la participación en grupos, y la vivencia de experiencias sociales.


Enfatiza en la diversidad de aspectos que permiten a la persona interactuar con otras personas, para lo que es esencial la existencia de otros con conciencia de sí mismos, el lenguaje y la intención de comunicar. Es un componente esencial para la vida y el desarrollo humano al resultar imposible ser humano en solitario.
La persona nace en una sociedad (antes de nacer ya se está condicionado por una variedad de aspectos sociales, por ejemplo, las costumbres que marcan cuales son los patrones adecuados de comportamiento respecto a la elección de pareja o el embarazo) y necesita vivir en sociedad, ésta favorece la adaptación al medio, lo que le multiplica las posibilidades de sobrevivir. Nace de otras personas y requiere la presencia de otras personas para sobrevivir, llegar a ser ella misma en todos sus extremos y vivir una vida plena.
De hecho, muchas de las necesidades humanas precisan de la interacción con otros para ser cubiertas. Se interioriza la cultura de la sociedad en la que se nace o en la que se vive a través de los procesos de socialización que, en última instancia, favorecen la construcción del sentido del yo de la pertenencia a un determinado grupo. Mediante los otros, se moldea a la persona hasta que ésta acepta por completo las normas y valores sociales característicos del grupo donde habita, los ajusta a su propia idiosincrasia, y obtiene un marco de referencia para percibir y comprender la realidad y actuar autónomamente en ella. Para ello se aprovechan diversos mecanismos de desarrollo como la imitación o el modelado.
La construcción de la propia identidad es otro de los procesos sociales básicos. La conciencia de que existen otros conduce a la adquisición de la idea de uno mismo. El proceso de identificación va a permitir a la persona descubrir el significado de su propia existencia y la construcción de su proyecto vital, aspecto éste imprescindible para la autorrealización. En el contexto de la interacción con otros, la persona puede diferenciarse de los demás y reconocer sus similitudes con ellos. Obtiene así, entre otros, sentido de su cuerpo y de sí misma como algo que permanece aunque esté en cambio continuo; o la creencia en la propia valía.
La persona se vincula con otras mediante el intercambio continuo de acciones, lo que implica el desempeño de roles y el ajuste del comportamiento. Ello incluye el desarrollo de procesos de apoyo y ayuda mutua, un ejemplo de los cuales es el cuidado a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad y dependencia.
La naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabiduría, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la búsqueda y al amor de la verdad y del bien” (GS 15, b), a la vez que “se abre y avanza al conocimiento de Dios y a su adhesión” (PDV 51).
Dimensión emocional

El hombre es un ser eminentemente emocional, que tiende sin embargo a ocultar (consciente o inconscientemente) las motivaciones afectivas de sus actos por medio de construcciones argumentativas (racionalizaciones) que las hacen lucir como asépticamente racionales. Resulta entonces que esta característica medular de la naturaleza humana, no debe nunca ser soslayada en el seno de las relaciones interpersonales, y menos aún en aquellas que vinculan al paciente con su médico. Es así, que la adherencia del enfermo a la prescripción realizada por el terapeuta dependerá no sólo de la necesidad (racional) que éste posee de curarse, sino primordialmente de los afectos desplegados durante la relación médico-paciente.
Finalmente, se halla el neopallium, el cual se encuentra constituido por los hemisferios cerebrales, y que es la sede del razonamiento y el lenguaje. Vemos entonces, que mientras la dimensión emocional está relacionada con las estructuras neurológicas más arcanas, la dimensión lingüística y de la racionalidad lo está con la neuroestructura filogenéticamente más joven: el neopallium. Esta mayor antigüedad de la emoción respecto de la palabra explica porque frecuentemente faltan palabras para describir lo emocional, fenómeno que da origen a lo inefable, y da cuenta de por qué el hombre ha desarrollado expresiones no lingüísticas (plásticas y musicales) para intentar describir lo indecible.
Por esta razón, el filósofo Ludwig Wittgenstein sostiene que donde termina lo explorable mediante el lenguaje comienza la parte del mundo que está más allá del alcance de la palabra, es decir lo místico, no en el sentido religioso de este término, sino como aquello que se encuentra fuera del alcance del pensamiento humano y sin embargo existe. Desde esta concepción se entiende el valor de crear nuevos lenguajes en pos de la expansión de las fronteras conceptuales humanas, como lo experimentara el genial escritor James Joyce en los laberintos de su Ulises.
Por otra parte, si bien el lenguaje, base del pensamiento, es de asiento neo cortical, las palabras que lo constituyen remiten permanentemente a lo emocional, debido a las características particulares de su nacimiento: grandes grupos de palabras que en la actualidad remiten a significados diversos han surgido en realidad a partir de un número reducido de raíces etimológicas forjadas a través de la representación mímica fonatoria de emociones vivenciadas por los primeros hombres en relación a los objetos y conceptos nombrados en los albores del lenguaje, y cuyo rastro, por lo general, se ha perdido en la oscuridad de los tiempo. Sin embargo, el estudio de la etimología, ha rescatado afortunadamente alguna de éstas raíces etimológicas con sus respectivos vínculos emocionales. Por ejemplo en idiomas indoeuropeos las palabras que se articulan en forma labial o labio-dental, es decir aquellas que comienzan con las letras eme, ele o efe, y que reproducen la mímica del amamantamiento y del beso, evocan a conceptos vinculados a emociones placenteras y a elementos vitales para el hombre:
En función de lo antes explicado vemos como por un lado, gran cantidad de palabras de distintas lenguas indoeuropeas y de significados diversos no son más que ramificaciones de unas pocas mímicas fonéticas imbricadas con antiquísimas sensaciones físicas y emocionales; y por otro lado observamos que las palabras de la lengua no se han ido organizando en torno a conceptos lógicos y abstractos sino alrededor de afectos y emociones vivenciadas. Esto explica la existencia de fenómenos aparentemente arbitrarios de la mente humana tales como el pensamiento asociativo libre (Freud), la simbología universal del inconsciente colectivo (Jung), y las metáforas y metonimias de las construcciones poéticas.  
La dimensión afectiva se refiere, como su nombre lo indica, a todas las emociones y sentimientos que experimentamos. La salud emocional es de vital importancia para lograr la armonía y el equilibrio que se requiere para obtener una adecuada calidad de vida.
Existe una relación directa entre ética, valores y salud afectiva. El objetivo de toda búsqueda humana es la felicidad. La felicidad individual es tan importante que incide en la armonía social y de ésta depende en gran parte la paz social.
La felicidad implica sentir emociones positivas y poseer salud afectiva.
La felicidad es una sensación profunda de plenitud que no depende de factores externos, la felicidad es un estado mental que se cultiva y se aprende mediante emociones y actitudes  positivas.
Existen varios tipos de emociones positivas: alegría, regocijo, gozo, excitación, admiración, amor, armonía, calma y sosiego.
La emoción positiva por excelencia es el amor, la dimensión afectiva puede cultivarse a través de actitudes y conductas positivas, es decir, a través de valores.
Paul Ekman, del departamento de psicología de la Universidad de Pennsylvania, efectúo un estudio con personas con salud afectiva y detectó las cuatro cualidades que emanan de las actitudes positivas:
Emanan bondad que los demás pueden advertir.
Generosas y empáticas.
Los demás se sienten a gusto con ellos.
Poseen un sentido de vida.
Las emociones y los sentimientos son inherentes a la naturaleza humana, éstas han sido adquiridos mediante el aprendizaje y la imitación de quienes nos rodean.
Las emociones negativas o destructivas son aquellas que dañan a los demás y a nosotros mismos.
Existen reacciones físicas y cerebrales que acompañan a las emociones tanto positivas como negativas.
Es necesario evitar las emociones destructivas ya que resultan dañinas y nos provocan infelicidad. La mayoría de las personas experimentan emociones negativas con determinadas situaciones, pero estamos en posibilidad de liberarnos de éstas, es decir podemos modificar las emociones negativas a través del aprendizaje consciente.
Las emociones negativas más comunes son el miedo y el enojo; ante el miedo es posible actuar de distintas formas: posponiendo la situación, no enfrentándola o evadiéndola. Ante el enojo surgen respuestas como la violencia o la agresión. Las emociones negativas pueden convertirse en positivas mediante el uso de la razón; entrenar y educar la mente en valores para que éstos sirvan como un medio para impulsar la acción hacia actividades positivas; esto podemos lograrlo mediante un proceso lógico de pensamiento. Al tomar una decisión debemos pensar en las repercusiones y utilizar la conciencia moral.
Cuando no tenemos control de nuestras emociones podemos experimentar depresión y afectar nuestra bioquímica cerebral. Desarrollar virtudes como la fortaleza, la perseverancia y la valentía para afrontar los problemas es un camino seguro para experimentar emociones, actitudes y sentimientos positivos.
Dimensión intelectual

el latín es donde se encuentra el origen etimológico del término intelectual que ahora nos ocupa. Y así lo demuestra el hecho de que se encuentra conformado por tres componentes de dicha lengua: el prefijo “inter”, que es sinónimo de “entre”; la palabra “lectus”, que puede traducirse como “leído”, y finalmente el sufijo “-al”, que es equivalente a “relación”.
Intelectual



Intelectual que permite hacer referencia a lo perteneciente o relativo al entendimiento. Por ejemplo: “Este problema es intelectual, no se soluciona con la fuerza”, “No tengo ganas de hacer un esfuerzo intelectual cuando voy al cine”, “Los alumnos muestran graves falencias intelectuales cuando no leen desde pequeños”.
El adjetivo intelectual, por lo tanto, suele utilizarse en oposición a lo corporal o físico, apareciendo asociado por lo tanto a lo espiritual o simbólico. Si se dice que algo debe resolverse de manera intelectual, se está afirmando que su solución sólo será encontrada a través del pensamiento y de la reflexión. Por lo tanto, no importa la fuerza física que se aplique al respecto.
Se conoce como intelectual, por otra parte, a la persona que se dedica a las letras y las ciencias. Estos sujetos invierten su tiempo en el estudio de la realidad y en la reflexión de los problemas sociales.
Los intelectuales, de esta manera, forman un colectivo social que intenta educar a la población, proponer debates y explicar ciertos fenómenos. En este sentido, se sostiene que los intelectuales tienen el deber moral de fomentar la reflexión crítica.
Además de todo ello hay que destacar que, en los últimos años, ha cobrado especial protagonismo lo que se conoce como registro de la propiedad intelectual. Se trata de una institución en la que los autores, editores o traductores de cualquier tipo de obra artística, literaria o científica registran sus trabajos con el claro objetivo de velar por los derechos que tienen al respecto.
En este sentido, muy en relación está, que las autoridades de los distintos países del mundo se han visto en la necesidad de sacar adelante leyes de propiedad intelectual, para hacerle frente al fenómeno de la piratería. De esta manera, con aquellas no sólo se intenta velar por los derechos de los autores de las distintas obras sino también reconocerles la retribución económica que les corresponde por ellas.
A lo largo de la Historia han existido muchos intelectuales que han aportado sus ideas y obras al mundo de la cultura, la literatura o la ciencia. No obstante, entre los más significativos de las últimas décadas se encuentran, por ejemplo, los escritores Umberto Eco, Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez así como el científico J. Craig Venter.
Para el marxismo, un intelectual orgánico es aquel que, pese a pertenecer a una clase superior, se compromete con la condición de las clases bajas y trabaja por la liberación de los desposeídos.
El coeficiente intelectual, por último, es el número resultante de un test estandarizado que mide las habilidades cognitivas de un ser humano en relación con su grupo de edad.
Dimensión sexual



La sexualidad es una dimensión fundamental de nuestro ser personal. Esta se desarrolla a lo largo de toda nuestra vida, por lo que decimos que es dinámica. Además de los aspectos biológicos y psicológicos, los factores socioculturales tienen un papel muy importante en esta transformación; su influencia puede ser positiva y propiciar el desarrollo íntegro, pleno, de la persona, ser un vehículo de crecimiento y expresión personal, o por el contrario, restringirlo y coartarlo.
A diferencia de lo que muchos piensan, la sexualidad humana no sólo abarca las relaciones sexuales, los contactos eróticos y la reproducción. Está vinculada con casi todas las áreas de la vida y, por lo mismo, su aceptación y sana vivencia influyen positivamente en la vida general de la persona. La sexualidad es sólo un elemento esencial de nuestro desarrollo y de nuestra identidad. Ella constituye una forma de expresión de nuestro ser y de nuestros sentimientos más íntimos y una forma y un proceso de comunicación. En la vivencia de la sexualidad ponemos en juego los valores que están en la base de nuestro proyecto de vida.

El ser humano es un todo cuyas partes interactúan; la sexualidad es una de ellas y por eso es necesario entenderla de una manera global y como un aspecto inherente a la persona. No es posible aislarla del resto del individuo, ni entenderla como privativa de las personas que mantienen relaciones sexuales coitales.
La sexualidad supone, expresa y participa del misterio integral de la persona. De allí que no se la pueda entender desde una visión reduccionista. Su carácter integral y plurivalente es un rasgo específico y característico. Por ello es necesario aproximarse a su comprensión considerando las distintas dimensiones que la componen:
Dimensión biológica: las diferencias entre el varón y la mujer se imponen por una serie de caracteres morfológicos, sin embargo la distinción biológica entre el hombre y la mujer es mucho más compleja que la configuración descriptiva de la genitalidad. De tal modo que el sexo biológico contempla 5 categorías básicas: la configuración cromosómica; el sexo gonádico; el sexo hormonal, la estructura reproductiva interna y la genitalidad.
Dimensión psicológica: la sexualidad en el ser humano no se limita a ser una “necesidad” (dimensión biológica), sino que se expande en el camino del deseo (dimensión psicológica) llegando a ser vivencia y comportamiento sexual humano. La dimensión psicológica introduce el sentido en la sexualidad humana;. Entre las categorías que incluye esta dimensión está la identidad sexual y el desarrollo sexual.
Dimensión sociocultural: el ser humano es un ser cultural también en su sexualidad; porque tiene una historia, es una historia y construye historia. La tradición la alcanza en la cultura en que vive. Se hace parte de esa historia cuando la asume conscientemente y construye su historia cuando asume la responsabilidad personal y colectiva como ser social frente al momento presente. Existen una serie de espacios y canales de socialización de la sexualidad humana. Entre los más importantes están la familia de origen, la escuela, el grupo de pares, la religión, las normas sociales, los medios de comunicación.
Dimensión espiritual

La existencia en todas las culturas de valores estéticos, religiosos, morales y espirituales, es la prueba más evidente de lo que convencionalmente se denomina la dimensión espiritual de los seres humanos. Esta dimensión en algunas personas o culturas se cultiva muy poco, más aún, se tiene relegada a un segundo nivel, es el caso, por ejemplo de los planes educativos que des-afortunadamente
 hoy no tienen en cuenta esta dimensión para el desarrollo integral humano. Pero esto no quiere decir que tanto los padres de familia, maestros y estudiantes no sueñen que la educación, a través de los procesos educativos los abra a los valores espirituales y entren éstos a los valores trascendentales en las respectivas culturas. La dimensión espiritual del ser humano es una prioridad que ha de tenerse en cuenta entre las dimensiones del desarrollo integral, debe ser el gran propósito de toda buena educación.

La formación espiritual lleva necesariamente a la formación ética, morales, estéticos y religiosos. Esta dimensión del hombre, que se expresa por la necesidad y por la apertura a valores universales, a creencias, doctrinas, ritos, convicciones para un que se dé un sentido total y profundo a la experiencia de la propia vida y desde ella a la del mundo, a la historia y a la cultura. Con la vivencia de la dimensión en mención se da el sentido a la historia personal y social y por ende el destino humano en la historia, como también le surgen interrogantes tales como el sentido del amor, el dolor y de la muerte.
La dimensión espiritual se hace presente en los contenidos de la conciencia moral, espiritual y religiosa. La conciencia es la intimidad humana, es decir, su interioridad, no es sólo la conciencia psicológica, sino sobre todo conciencia moral y espiritual, es el núcleo más recóndito, es como el santuario del ser humano. El santuario donde nadie puede penetrar a no ser un guía espiritual, o amigo de muchísima confianza, que sean leales y fieles, que pueden mirar lo más hondo de un ser humano, la conciencia, es donde se formulan los más grandes interrogantes e inquietudes más profundas de las personas que evidencian y caracterizan su espíritu y su necesidad espiritual para la misma. Se trata del mundo interior de la persona, donde a veces el ser humano se sienten muy bien y otras veces muy mal. Las grandes satisfacciones o insatisfacciones acontecen en este mundo interior.
En este mundo interior es donde la persona experimenta el amor que aporta la plenitud de la vida, la felicidad, gozo, alegría y donde también experimenta el sufrimiento, el fracaso, la frustración, la soledad, la culpa, el miedo o la muerte. Cultivando la espiritualidad hace que la persona se sienta infinitamente superior al universo material y hace que busque la sabiduría, la verdad, el bien y la belleza. Se sale de sí mismo y se da a los demás con la entrega generosa, abnegada y desinteresada a las grandes causas como lo hicieron Gandhi, Martín Luther King, la Madre Teresa de Calcuta y otras grandes personalidades de la Iglesia católica que lo han hecho a precio de su propia vida. También conocidos defensores de los derechos humanos y de la dignidad humana, son ejemplos de una alta espiritualidad.
La tensión entre lo material y lo espiritual es algo permanente que hay que estar equilibrando para que la persona se realice como tal y trascienda, ya que el ser humano tiene sed de ideales y de valores para no ofender a nadie. ¡Qué noble tarea la de educar y de suscitar en cada persona, según sus tradiciones y convicciones, y con pleno respeto del pluralismo, esta elevación de pensamiento y del espíritu hasta lo universal, y a una cierta superación de sí mismo! La supervivencia de la humanidad depende de lo dicho anteriormente, que son unos grandes tesoros.
Para lograr la trascendencia, en primer lugar se hace necesario querer y tener buena voluntad  de llevarlo a cabo en su vida. Interés por el conocimiento, el estudio, la reflexión y la investigación sobre personas, grupos y comunidades que se dedican al servicio de las víctimas de las miserias humanas. Interés por el estudio de las ciencias humanas (sociología, filosofía, psicología, teología e historia, entre otras) y el estudio de las diferentes culturas es fundamental.
La comprensión y compromiso con los valores de la justicia, la solidaridad, la paz, y por la promoción de la defensa de los derechos humanos. Interés por la historia de la propia espiritualidad y la de sus semejantes, y respeto en materia de convicciones y actitudes coherentes con las mismas. Retorno a la religiosidad y recuperación de la militancia  religiosa y la presencia de prácticas políticas sustentadas en la libertad religiosa y en la libertad de conciencia. Respeto y valoración de las expresiones que  promuevan el bien común.
 Para que lo anterior no se quede en una teoría o en un simple discurso, hay que tener la capacidad de resistir presiones, manejar conflictos y conciliar puntos de vista, fortaleza para afrontar la adversidad y los resultados de las torpezas. Participar en eventos de carácter espiritual, religioso o moral.


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