DIMENSIÓN FÍSICA
Constituimos una unidad como
sistemas individuales y también en relación con el mundo que nos rodea,
formamos parte de una totalidad mayor que es el ambiente físico, social, el
planeta, el universo, a través de nuestro comportamiento interactuamos con el
entorno.
En el área física se pueden
examinar algunas conductas de riesgo como son: prácticas asociadas con
servicios de salud, régimen de medicación, higiene, condición física, abuso de
tabaco y alcohol; así como las destrezas de adaptación y conductas de salud
positiva como patrones de respuestas a estímulos positivos, los cuales se
pueden obtener con el conocimiento sobre promoción de salud, redes de apoyo,
actividades vocacionales, recursos mentales y espirituales.
El desarrollo físico
individual pasa por una serie de etapas como son: los cambios sensoriales, el
paso de niño (a) a adolescente, de adolescente a adulto, de adulto joven a
adulto mayor, esta serie de retos requieren que se realicen algunos ajustes y
que se definan nuevos papeles sociales y condiciones biológicas por ejemplo: el
retiro, los cambios en la actividad psicomotora y las pérdidas que acompañan
las distintas etapas del ciclo de vida; todas estas variables se investigan
dentro del ámbito de salud para realizar cambios en situaciones no deseadas
para mejorar el área física del ser humano.
La promoción de estilos de
vida saludables implica conocer aquellos comportamientos que mejorar o
deterioran la salud de los individuos. Las conductas saludables son aquellas
acciones realizadas por el ser humano con las cuales se obtienen consecuencias
físicas y fisiológicas inmediatas y a largo plazo que repercuten en el
bienestar físico.
Una adecuada nutrición,
deporte e higiene son indispensables para cultivar la dimensión física. La
dimensión física se refiere al cuerpo humano, que es la máquina más maravillosa
y completa que existe.

“La calidad de vida supone
cuidar efectivamente nuestro cuerpo: comer alimentos nutritivos y tener una
dieta balanceada, descansar lo suficiente y hacer ejercicio con regularidad, es
decir, preservar y mantener nuestra salud.”
La salud física es el factor
básico para lograr el equilibrio del ámbito afectivo, intelectual y espiritual.
Nuestro cuerpo es uno de los tesoros más grandes que tenemos y para mantenerlo
es indispensable:
Nutrición. Una adecuada alimentación,
balanceada y que incluya los nutrientes básicos, es fundamental para conservar
la salud.
Descanso. El sueño es un
requerimiento esencial para recuperar fuerzas. Por otra parte es necesario
disfrutar de los periodos de descanso recreo y diversión. Higiene. La limpieza,
ayuda a la prevención y mantenimiento de la salud física.
Ejercicio. El cuerpo requiere ejercitarse para
mantenerse saludable. Varios y diversos órganos y sentidos son estimulados por
la actividad física. A través del deporte es posible verse, sentirse, trabajar
y vivir mejor.
El deporte contribuye a
obtener una salud integral. Cuando desempeñamos alguna actividad física hay que
considerar tres premisas básicas:
a)
Realizar una actividad placentera en donde exista diversión.
b)
Que el ejercicio elimine los productos residuales químicos producto de
las emociones negativas.
c)
Hacer algo saludable para uno mismo, tanto a nivel físico como
psicológico.
Cuando se busca el beneficio
para la salud, se recomienda: nunca realizar algún ejercicio que no deseamos
hacer. El ejercicio debe producir alegría, placer y satisfacción.
“Nuestro cuerpo es como una
máquina: si no la utilizamos se atrofia.”
DIMENSION SOCIAL
La Dimensión Social se
refiere a la habilidad de relacionarte
con otras personas. Se obtiene mediante una comunicación que implique una
escucha activa, así como la puesta en práctica de actitudes asertivas y empáticas
con los demás.
La dimensión social se
organiza en torno a la interacción con otras personas. Supone la expresión de
la sociabilidad humana característica, esto es, el impulso genético que la
lleva a constituir sociedades, generar e interiorizar cultura, y el hecho de estar
preparada biológicamente para vivir con otros de su misma especie, lo que
implica prestar atención a otro humano necesariamente presente, y la
sociabilidad, o capacidad y necesidad de interacción afectiva con semejantes,
expresada en la participación en grupos, y la vivencia de experiencias
sociales.
Enfatiza en la diversidad de
aspectos que permiten a la persona interactuar con otras personas, para lo que es
esencial la existencia de otros con conciencia de sí mismos, el lenguaje y la
intención de comunicar. Es un componente esencial para la vida y el desarrollo
humano al resultar imposible ser humano en solitario.
La persona nace en una
sociedad (antes de nacer ya se está condicionado por una variedad de aspectos
sociales, por ejemplo, las costumbres que marcan cuales son los patrones
adecuados de comportamiento respecto a la elección de pareja o el embarazo) y
necesita vivir en sociedad, ésta favorece la adaptación al medio, lo que le
multiplica las posibilidades de sobrevivir. Nace de otras personas y requiere
la presencia de otras personas para sobrevivir, llegar a ser ella misma en
todos sus extremos y vivir una vida plena.
De hecho, muchas de las
necesidades humanas precisan de la interacción con otros para ser cubiertas. Se
interioriza la cultura de la sociedad en la que se nace o en la que se vive a
través de los procesos de socialización que, en última instancia, favorecen la
construcción del sentido del yo de la pertenencia a un determinado grupo.
Mediante los otros, se moldea a la persona hasta que ésta acepta por completo
las normas y valores sociales característicos del grupo donde habita, los
ajusta a su propia idiosincrasia, y obtiene un marco de referencia para
percibir y comprender la realidad y actuar autónomamente en ella. Para ello se
aprovechan diversos mecanismos de desarrollo como la imitación o el modelado.
La construcción de la propia
identidad es otro de los procesos sociales básicos. La conciencia de que
existen otros conduce a la adquisición de la idea de uno mismo. El proceso de
identificación va a permitir a la persona descubrir el significado de su propia
existencia y la construcción de su proyecto vital, aspecto éste imprescindible
para la autorrealización. En el contexto de la interacción con otros, la
persona puede diferenciarse de los demás y reconocer sus similitudes con ellos.
Obtiene así, entre otros, sentido de su cuerpo y de sí misma como algo que
permanece aunque esté en cambio continuo; o la creencia en la propia valía.
La persona se vincula con
otras mediante el intercambio continuo de acciones, lo que implica el desempeño
de roles y el ajuste del comportamiento. Ello incluye el desarrollo de procesos
de apoyo y ayuda mutua, un ejemplo de los cuales es el cuidado a quienes se
encuentran en situaciones de vulnerabilidad y dependencia.
La naturaleza intelectual de
la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la
sabiduría, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la búsqueda y al
amor de la verdad y del bien” (GS 15, b), a la vez que “se abre y avanza al conocimiento
de Dios y a su adhesión” (PDV 51).
Dimensión emocional
El hombre es un ser
eminentemente emocional, que tiende sin embargo a ocultar (consciente o
inconscientemente) las motivaciones afectivas de sus actos por medio de construcciones
argumentativas (racionalizaciones) que las hacen lucir como asépticamente
racionales. Resulta entonces que esta característica medular de la naturaleza
humana, no debe nunca ser soslayada en el seno de las relaciones
interpersonales, y menos aún en aquellas que vinculan al paciente con su
médico. Es así, que la adherencia del enfermo a la prescripción realizada por
el terapeuta dependerá no sólo de la necesidad (racional) que éste posee de
curarse, sino primordialmente de los afectos desplegados durante la relación
médico-paciente.
Finalmente, se halla el
neopallium, el cual se encuentra constituido por los hemisferios cerebrales, y
que es la sede del razonamiento y el lenguaje. Vemos entonces, que mientras la
dimensión emocional está relacionada con las estructuras neurológicas más
arcanas, la dimensión lingüística y de la racionalidad lo está con la
neuroestructura filogenéticamente más joven: el neopallium. Esta mayor
antigüedad de la emoción respecto de la palabra explica porque frecuentemente
faltan palabras para describir lo emocional, fenómeno que da origen a lo
inefable, y da cuenta de por qué el hombre ha desarrollado expresiones no
lingüísticas (plásticas y musicales) para intentar describir lo indecible.
Por esta razón, el filósofo
Ludwig Wittgenstein sostiene que donde termina lo explorable mediante el
lenguaje comienza la parte del mundo que está más allá del alcance de la
palabra, es decir lo místico, no en el sentido religioso de este término, sino
como aquello que se encuentra fuera del alcance del pensamiento humano y sin
embargo existe. Desde esta concepción se entiende el valor de crear nuevos
lenguajes en pos de la expansión de las fronteras conceptuales humanas, como lo
experimentara el genial escritor James Joyce en los laberintos de su Ulises.
Por otra parte, si bien el
lenguaje, base del pensamiento, es de asiento neo cortical, las palabras que lo
constituyen remiten permanentemente a lo emocional, debido a las
características particulares de su nacimiento: grandes grupos de palabras que
en la actualidad remiten a significados diversos han surgido en realidad a
partir de un número reducido de raíces etimológicas forjadas a través de la
representación mímica fonatoria de emociones vivenciadas por los primeros
hombres en relación a los objetos y conceptos nombrados en los albores del
lenguaje, y cuyo rastro, por lo general, se ha perdido en la oscuridad de los
tiempo. Sin embargo, el estudio de la etimología, ha rescatado afortunadamente
alguna de éstas raíces etimológicas con sus respectivos vínculos emocionales. Por
ejemplo en idiomas indoeuropeos las palabras que se articulan en forma labial o
labio-dental, es decir aquellas que comienzan con las letras eme, ele o efe, y
que reproducen la mímica del amamantamiento y del beso, evocan a conceptos
vinculados a emociones placenteras y a elementos vitales para el hombre:
En función de lo antes
explicado vemos como por un lado, gran cantidad de palabras de distintas
lenguas indoeuropeas y de significados diversos no son más que ramificaciones
de unas pocas mímicas fonéticas imbricadas con antiquísimas sensaciones físicas
y emocionales; y por otro lado observamos que las palabras de la lengua no se
han ido organizando en torno a conceptos lógicos y abstractos sino alrededor de
afectos y emociones vivenciadas. Esto explica la existencia de fenómenos
aparentemente arbitrarios de la mente humana tales como el pensamiento
asociativo libre (Freud), la simbología universal del inconsciente colectivo
(Jung), y las metáforas y metonimias de las construcciones poéticas.
La dimensión afectiva se
refiere, como su nombre lo indica, a todas las emociones y sentimientos que
experimentamos. La salud emocional es de vital importancia para lograr la
armonía y el equilibrio que se requiere para obtener una adecuada calidad de
vida.
Existe una relación directa
entre ética, valores y salud afectiva. El objetivo de toda búsqueda humana es
la felicidad. La felicidad individual es tan importante que incide en la armonía
social y de ésta depende en gran parte la paz social.
La felicidad implica sentir
emociones positivas y poseer salud afectiva.
La felicidad es una
sensación profunda de plenitud que no depende de factores externos, la
felicidad es un estado mental que se cultiva y se aprende mediante emociones y
actitudes positivas.
Existen varios tipos de
emociones positivas: alegría, regocijo, gozo, excitación, admiración, amor,
armonía, calma y sosiego.
La emoción positiva por
excelencia es el amor, la dimensión afectiva puede cultivarse a través de
actitudes y conductas positivas, es decir, a través de valores.
Paul Ekman, del departamento
de psicología de la Universidad de Pennsylvania, efectúo un estudio con
personas con salud afectiva y detectó las cuatro cualidades que emanan de las
actitudes positivas:
Emanan bondad que los demás
pueden advertir.
Generosas y empáticas.
Los demás se sienten a gusto
con ellos.
Poseen un sentido de vida.
Las emociones y los
sentimientos son inherentes a la naturaleza humana, éstas han sido adquiridos
mediante el aprendizaje y la imitación de quienes nos rodean.
Las emociones negativas o
destructivas son aquellas que dañan a los demás y a nosotros mismos.
Existen reacciones físicas y
cerebrales que acompañan a las emociones tanto positivas como negativas.
Es necesario evitar las
emociones destructivas ya que resultan dañinas y nos provocan infelicidad. La
mayoría de las personas experimentan emociones negativas con determinadas
situaciones, pero estamos en posibilidad de liberarnos de éstas, es decir
podemos modificar las emociones negativas a través del aprendizaje consciente.
Las emociones negativas más
comunes son el miedo y el enojo; ante el miedo es posible actuar de distintas
formas: posponiendo la situación, no enfrentándola o evadiéndola. Ante el enojo
surgen respuestas como la violencia o la agresión. Las emociones negativas
pueden convertirse en positivas mediante el uso de la razón; entrenar y educar
la mente en valores para que éstos sirvan como un medio para impulsar la acción
hacia actividades positivas; esto podemos lograrlo mediante un proceso lógico
de pensamiento. Al tomar una decisión debemos pensar en las repercusiones y
utilizar la conciencia moral.
Cuando no tenemos control de
nuestras emociones podemos experimentar depresión y afectar nuestra bioquímica
cerebral. Desarrollar virtudes como la fortaleza, la perseverancia y la
valentía para afrontar los problemas es un camino seguro para experimentar
emociones, actitudes y sentimientos positivos.
Dimensión intelectual
el latín es donde se
encuentra el origen etimológico del término intelectual que ahora nos ocupa. Y
así lo demuestra el hecho de que se encuentra conformado por tres componentes
de dicha lengua: el prefijo “inter”, que es sinónimo de “entre”; la palabra
“lectus”, que puede traducirse como “leído”, y finalmente el sufijo “-al”, que
es equivalente a “relación”.
Intelectual
Intelectual que permite
hacer referencia a lo perteneciente o relativo al entendimiento. Por ejemplo:
“Este problema es intelectual, no se soluciona con la fuerza”, “No tengo ganas
de hacer un esfuerzo intelectual cuando voy al cine”, “Los alumnos muestran
graves falencias intelectuales cuando no leen desde pequeños”.
El adjetivo intelectual, por
lo tanto, suele utilizarse en oposición a lo corporal o físico, apareciendo
asociado por lo tanto a lo espiritual o simbólico. Si se dice que algo debe
resolverse de manera intelectual, se está afirmando que su solución sólo será
encontrada a través del pensamiento y de la reflexión. Por lo tanto, no importa
la fuerza física que se aplique al respecto.
Se conoce como intelectual,
por otra parte, a la persona que se dedica a las letras y las ciencias. Estos
sujetos invierten su tiempo en el estudio de la realidad y en la reflexión de
los problemas sociales.
Los intelectuales, de esta
manera, forman un colectivo social que intenta educar a la población, proponer
debates y explicar ciertos fenómenos. En este sentido, se sostiene que los
intelectuales tienen el deber moral de fomentar la reflexión crítica.
Además de todo ello hay que
destacar que, en los últimos años, ha cobrado especial protagonismo lo que se
conoce como registro de la propiedad intelectual. Se trata de una institución
en la que los autores, editores o traductores de cualquier tipo de obra artística,
literaria o científica registran sus trabajos con el claro objetivo de velar
por los derechos que tienen al respecto.
En este sentido, muy en
relación está, que las autoridades de los distintos países del mundo se han
visto en la necesidad de sacar adelante leyes de propiedad intelectual, para
hacerle frente al fenómeno de la piratería. De esta manera, con aquellas no
sólo se intenta velar por los derechos de los autores de las distintas obras
sino también reconocerles la retribución económica que les corresponde por
ellas.
A lo largo de la Historia
han existido muchos intelectuales que han aportado sus ideas y obras al mundo
de la cultura, la literatura o la ciencia. No obstante, entre los más
significativos de las últimas décadas se encuentran, por ejemplo, los
escritores Umberto Eco, Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez así como el
científico J. Craig Venter.
Para el marxismo, un
intelectual orgánico es aquel que, pese a pertenecer a una clase superior, se
compromete con la condición de las clases bajas y trabaja por la liberación de
los desposeídos.
El coeficiente intelectual,
por último, es el número resultante de un test estandarizado que mide las
habilidades cognitivas de un ser humano en relación con su grupo de edad.
Dimensión sexual
La sexualidad es una
dimensión fundamental de nuestro ser personal. Esta se desarrolla a lo largo de
toda nuestra vida, por lo que decimos que es dinámica. Además de los aspectos
biológicos y psicológicos, los factores socioculturales tienen un papel muy
importante en esta transformación; su influencia puede ser positiva y propiciar
el desarrollo íntegro, pleno, de la persona, ser un vehículo de crecimiento y
expresión personal, o por el contrario, restringirlo y coartarlo.
A diferencia de lo que
muchos piensan, la sexualidad humana no sólo abarca las relaciones sexuales,
los contactos eróticos y la reproducción. Está vinculada con casi todas las
áreas de la vida y, por lo mismo, su aceptación y sana vivencia influyen
positivamente en la vida general de la persona. La sexualidad es sólo un
elemento esencial de nuestro desarrollo y de nuestra identidad. Ella constituye
una forma de expresión de nuestro ser y de nuestros sentimientos más íntimos y
una forma y un proceso de comunicación. En la vivencia de la sexualidad ponemos
en juego los valores que están en la base de nuestro proyecto de vida.
El ser humano es un todo
cuyas partes interactúan; la sexualidad es una de ellas y por eso es necesario
entenderla de una manera global y como un aspecto inherente a la persona. No es
posible aislarla del resto del individuo, ni entenderla como privativa de las
personas que mantienen relaciones sexuales coitales.
La sexualidad supone,
expresa y participa del misterio integral de la persona. De allí que no se la
pueda entender desde una visión reduccionista. Su carácter integral y
plurivalente es un rasgo específico y característico. Por ello es necesario
aproximarse a su comprensión considerando las distintas dimensiones que la
componen:
Dimensión
biológica: las diferencias entre el varón y la mujer se imponen por
una serie de caracteres morfológicos, sin embargo la distinción biológica entre
el hombre y la mujer es mucho más compleja que la configuración descriptiva de
la genitalidad. De tal modo que el sexo biológico contempla 5 categorías
básicas: la configuración cromosómica; el sexo gonádico; el sexo hormonal, la
estructura reproductiva interna y la genitalidad.
Dimensión
psicológica: la sexualidad en el ser humano no se limita
a ser una “necesidad” (dimensión biológica), sino que se expande en el camino
del deseo (dimensión psicológica) llegando a ser vivencia y comportamiento
sexual humano. La dimensión psicológica introduce el sentido en la sexualidad
humana;. Entre las categorías que incluye esta dimensión está la identidad
sexual y el desarrollo sexual.
Dimensión
sociocultural: el ser humano es un ser cultural también en
su sexualidad; porque tiene una historia, es una historia y construye historia.
La tradición la alcanza en la cultura en que vive. Se hace parte de esa
historia cuando la asume conscientemente y construye su historia cuando asume la
responsabilidad personal y colectiva como ser social frente al momento
presente. Existen una serie de espacios y canales de socialización de la
sexualidad humana. Entre los más importantes están la familia de origen, la
escuela, el grupo de pares, la religión, las normas sociales, los medios de
comunicación.
Dimensión espiritual
La existencia en todas las
culturas de valores estéticos, religiosos, morales y espirituales, es la prueba
más evidente de lo que convencionalmente se denomina la dimensión espiritual de
los seres humanos. Esta dimensión en algunas personas o culturas se cultiva muy
poco, más aún, se tiene relegada a un segundo nivel, es el caso, por ejemplo de
los planes educativos que des-afortunadamente
hoy no tienen en cuenta esta
dimensión para el desarrollo integral humano. Pero esto no quiere decir que
tanto los padres de familia, maestros y estudiantes no sueñen que la educación,
a través de los procesos educativos los abra a los valores espirituales y
entren éstos a los valores trascendentales en las respectivas culturas. La
dimensión espiritual del ser humano es una prioridad que ha de tenerse en
cuenta entre las dimensiones del desarrollo integral, debe ser el gran
propósito de toda buena educación.
La formación espiritual
lleva necesariamente a la formación ética, morales, estéticos y religiosos.
Esta dimensión del hombre, que se expresa por la necesidad y por la apertura a
valores universales, a creencias, doctrinas, ritos, convicciones para un que se
dé un sentido total y profundo a la experiencia de la propia vida y desde ella
a la del mundo, a la historia y a la cultura. Con la vivencia de la dimensión
en mención se da el sentido a la historia personal y social y por ende el
destino humano en la historia, como también le surgen interrogantes tales como
el sentido del amor, el dolor y de la muerte.
La dimensión espiritual se
hace presente en los contenidos de la conciencia moral, espiritual y religiosa.
La conciencia es la intimidad humana, es decir, su interioridad, no es sólo la
conciencia psicológica, sino sobre todo conciencia moral y espiritual, es el
núcleo más recóndito, es como el santuario del ser humano. El santuario donde
nadie puede penetrar a no ser un guía espiritual, o amigo de muchísima
confianza, que sean leales y fieles, que pueden mirar lo más hondo de un ser
humano, la conciencia, es donde se formulan los más grandes interrogantes e
inquietudes más profundas de las personas que evidencian y caracterizan su
espíritu y su necesidad espiritual para la misma. Se trata del mundo interior
de la persona, donde a veces el ser humano se sienten muy bien y otras veces
muy mal. Las grandes satisfacciones o insatisfacciones acontecen en este mundo
interior.
En este mundo interior es
donde la persona experimenta el amor que aporta la plenitud de la vida, la
felicidad, gozo, alegría y donde también experimenta el sufrimiento, el
fracaso, la frustración, la soledad, la culpa, el miedo o la muerte. Cultivando
la espiritualidad hace que la persona se sienta infinitamente superior al
universo material y hace que busque la sabiduría, la verdad, el bien y la belleza.
Se sale de sí mismo y se da a los demás con la entrega generosa, abnegada y
desinteresada a las grandes causas como lo hicieron Gandhi, Martín Luther King,
la Madre Teresa de Calcuta y otras grandes personalidades de la Iglesia
católica que lo han hecho a precio de su propia vida. También conocidos
defensores de los derechos humanos y de la dignidad humana, son ejemplos de una
alta espiritualidad.
La tensión entre lo material
y lo espiritual es algo permanente que hay que estar equilibrando para que la persona
se realice como tal y trascienda, ya que el ser humano tiene sed de ideales y
de valores para no ofender a nadie. ¡Qué noble tarea la de educar y de suscitar
en cada persona, según sus tradiciones y convicciones, y con pleno respeto del
pluralismo, esta elevación de pensamiento y del espíritu hasta lo universal, y
a una cierta superación de sí mismo! La supervivencia de la humanidad depende
de lo dicho anteriormente, que son unos grandes tesoros.
Para lograr la
trascendencia, en primer lugar se hace necesario querer y tener buena
voluntad de llevarlo a cabo en su vida.
Interés por el conocimiento, el estudio, la reflexión y la investigación sobre
personas, grupos y comunidades que se dedican al servicio de las víctimas de
las miserias humanas. Interés por el estudio de las ciencias humanas
(sociología, filosofía, psicología, teología e historia, entre otras) y el
estudio de las diferentes culturas es fundamental.
La comprensión y compromiso
con los valores de la justicia, la solidaridad, la paz, y por la promoción de
la defensa de los derechos humanos. Interés por la historia de la propia
espiritualidad y la de sus semejantes, y respeto en materia de convicciones y
actitudes coherentes con las mismas. Retorno a la religiosidad y recuperación
de la militancia religiosa y la
presencia de prácticas políticas sustentadas en la libertad religiosa y en la
libertad de conciencia. Respeto y valoración de las expresiones que promuevan el bien común.
Para que lo anterior no se quede en una teoría
o en un simple discurso, hay que tener la capacidad de resistir presiones,
manejar conflictos y conciliar puntos de vista, fortaleza para afrontar la
adversidad y los resultados de las torpezas. Participar en eventos de carácter
espiritual, religioso o moral.









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